Crónica de una cata ‘bienservía’

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Pasadas las nueve, el maestro de ceremonias inicia el espectáculo. Todos los asistentes están expectantes y se agolpan alrededor de sus mesas con curiosidad. El cartel pintaba buena tarde de cata, pero los espectadores solo saldrán satisfechos si disfrutan de la experiencia.

El primer torero se dispone a dar lo mejor de sí, va a contarnos qué es Arbonaida. Porque no es lo mismo que nuestro toro, en este caso AOVE de la casa Arbonaida, y con apellidos, Virgen Extra es fundamental.

La amplia variedad de aoves de esta casa deja sin palabras al propio maestro de ceremonias: Premium, virgen extra de picual y arbequina; Marasca, monovarietal de picual; esencia Ángelus y esencia Tedeum; y para rematar, aceite convertido en polvo, una maravilla de los ángeles.

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Comenzamos por donde hay que empezar, presentando al primer toro de la tarde, el aceite de oliva virgen extra Reserva Familiar Premium. Un AOVE de primerísima calidad, molturado en frío y que evoca al paladar la planta del tomate, el olor de la higuera o la cáscara del plátano verde.

Los espectadores agudizan los sentidos y  tientan el vasito de aove. Una explosión de sabores inunda su paladar, unos sienten un pequeño resquemor en la garganta, y otros saborean a gusto este oro líquido procedente de tierras cordobesas.

Para que los sentidos aprecien el cambio de un AOVE a otro, se les da a probar el Marasca, un monovarietal que educa al paladar y que les hace comprender a los catadores la diferencia entre el primero y el segundo.

Y llega el momento de dar las sorpresas, de sacar al ruedo a los dos toros nuevos. Comienzan por los aceites aromatizados, la primera de las Esencias se denomina Ángelus y se trata de un AOVE cocinado a baja temperatura durante 36 horas con romero de las sierra de Córdoba, tomillo de Hornachuelos, ajo morado de Montalbán y laurel. Huele a una mañana de paseo por el campo y los espectadores están asombrados, el pan dura en la cesta segundos, no paran de mojar.

La segunda de las Esencias tiene por nombre Tedeum, un aove monovarietal de picual cocina durante 24 horas con piel de naranja Navel Lane Late, piel de limón tuco-andaluz y pimienta negra de Jamaica. Los cítricos toman el control en esta esencia y hacen que los asistentes pidan a corillo más pan, las palabras exquisito y soberbio no para de resonar.

polvo de aceite

Y aún no había llegado el último toro, la apuesta más atrevida e innovadora de Arbonaida: el polvo de aove realizado a partir de la esencia Ángelus. Un nuevo producto especial para rematar sus platos y dejar a los comensales boquiabiertos, un polvo con textura de azúcar glass que al entrar en contacto con la boca se convierte en aceite al instante. Algo nunca visto que provoca comentarios y preguntas entre los asistentes, todos quieren probarlo y saber cómo se ha conseguido tan maravilloso invento.

Y tras esta salida por la puerta grande de aceites Arbonaida, llega el segundo torero. Este viene hablarnos de otro gran líquido, menos denso pero que anima el corazón. Desde el Grupo Vintae nos presentan los Bienbebido, una colección de maravillosos vinos que no tienen desperdicio.

 

Para empezar, el envase: una botella serigrafiada al más puro estilo vintage, en colores vivos y tipografía llamativa. El mensaje, pero no dentro de la botella, si no fuera, un mensaje con rima incluida. Y no todo es físico, cada vino asombra al espectador un poco más que el anterior. Nunca el maridaje fue tan sencillo como con Bienbebido.

Bienbebido

Comienza el segundo asalto de la noche con un maridaje de contrastes: Come pulpo y bebe vino, y verás tu futuro cristalino reza en la botella y las anchoas del plato saltan al paladar en busca de una combinación ideal. Un albariño pajizo, fresco y sedoso.

Continuamos con Come pollo y bebe bino, y las gachís te verán divino que levanta un coro de carcajadas al unísono y hace que los solteros comiencen a pedir botellas. ¿Un pelín machista, no? Pero no importa, en el siglo XXI los géneros se mueven, y puede ser gachí mujer u hombre. Lo que no se mueve, sino que vuela es el jamón cocido de pata que calma el apetito más voraz.

Come jamón y bebe vino, y a la segunda botella serás adivino. Algo que no hay que ser para saber maridar este vino y los papelones de Matarrevalva se suceden por las mesas. No hay persona que se digne a abrir la boca, el maridaje es tan sublime que se hace el silencio.

Y tras un buen jamón, siempre es recomendable un buen queso, en este caso manchego y de la casa Berrocal. Come queso y bebe vino, para hacer llevadero el camino, y cómo no estábamos seguro del devenir de la noche, decidimos hacerle caso a la inscripción de la botella.

Y no paran de salir toros a esta plaza: Come cerdo y bebe vino, y en tus negocios tendrás tino. Y los empresarios presentes en la cata decidieron comprar las existencias de esta botella para que sus empresas nunca mal sintieran la crisis. Aunque quién no sintió crisis alguna fueron sus estómagos, que se llenaron de salchichón y de chorizo ibérico. Otro silencio sepulcral.

Y se acercó el final de esta maravillosa cuadrilla, y puso el broche una vaca, para terminar de una vez con las analogías taurinas. Come vaca y bebe vino, y sentirás un placer repentino… y ¿Cómo no sentirlo? Estando extasiado por este vino de la Ribera del Queires maridado con una espectacular cecina de León ‘aliñá’ con una esencia de Tedeum?

¿Qué aún queda algo más? Sí, un cava brut Francesc Ricard, una maravilla que despeja la mente y el alma.

Y ahora, se despiden los toreros y quedan satisfechos los comensales. Rabo y dos orejas para todos.

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