La bodega de la Abadía

Vino y abad

– Abad Pelayo, con la venia del Señor. Le traigo malas nuevas, ha vuelto a avinagrarse el vino. No hay forma de conservarlo sin que los agentes de la naturaleza nos degraden la sangre de Cristo, debemos dejar de usar las ánforas para dicho menester. 

– Hermano Sancho, ¿y qué usaremos, pues? No tenemos más que dicho recipiente para guardar nuestro preciado caldo divino, heredado del hijo del Padre, Cordero de Dios. Importune, por favor, al hermano Rodrigo, que peca de ingenioso a la par que creativo, él encontrará un nuevo medio de conservación para el zumo de la uva. 

Abadía de Retuerta 1

Nuez moscada, un leve aroma de clavo y laurel sobre un fondo dulzón de chocolate negro, toffee y regaliz. Intenso, equilibrado. La zarzamora inunda el paladar, junto con los toques a lila y violetas frescas.

Un terroir digno de la tierra de la que procede, un vino de vendimia manual, de los de la antigua usanza – recogiendo toda la esencia de la tradición milenaria y el gran legado vitivinícola del Valle del Duero. Pero no crean que se quedan solo con lo heredado, añaden, a esta sabiduría que les viene de la historia, la innovación y experimentación que nos caracteriza en los tiempos que corren.

Fascinados quedan los que visitan el lugar, no solo por su restaurante con Estrella Michelín, sino por la filosofía de la bodega. El enólogo francés Pascal Delbeck y el viticultor Ángel Anocíbar, han hecho de la elaboración de su producto algo más que un vino, han confeccionado un terruño que puede considerarse modelo del vino de pago.

Abadía de Retuerta 2

Cultivadas las vides en estructura parcelaria (por pagos, como se conoce en la tierra a este método), son 54 los pequeños trozos de tierra que se ven inundados de uvas cada año – y todo esto sucede a  lo largo de las laderas de montañas que bajan hasta el lado sur del Duero.

Cada uno de esos pagos es muy especial y distinto, cada uno tiene una composición de la tierra distinta, un suelo específico para cada tipo de uva. Entre sus espacios de tierra monovarietales se distinguen:  una mayoría de Tempranillo, mucho menos de Cabernet Sauvignon, de Syrah y otro tanto que se reparte entre Merlot, Petit Verdot (una variedad novedosa con la que se elabora un vino monovarietal) y algunos pedazos sueltos sembrados de tipo de uvas blancas, como forma de experimentación.

Casi 10 años llevan ya elaborando estos maravillosos vinos, cuidando al milímetro cada vid y controlando la calidad de su caldo a límites insospechados. Todo ello les ha llevado a tener grandes reconocimientos y  reconocidos premios nacionales e internacionales. 

Como estandarte, tenemos el Abadía Retuerta Selección Especial donde se mezclan los mejores vinos de la añada y que representan a la perfección lo que supone la bodega: 75% Tempranillo, 20% Cabernet Sauvignon y 5% Merlot.

El Indiano, como sibarita y buen conocedor de los caldos de la zona, ha decidido lucir entre sus estanterías la maravillosa botella que pueden ver. Les instamos a que corran por una, antes que el sabio de detrás de la vitrina acabe llevándoselas todas a casa.

Abadía de Retuerta 3

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